Cuando este “Yo” muera, sabré quién soy

Esta es una frase que se puede leer en las escrituras hindúes y hace referencia a la identificación genuina con nuestra verdadera esencia. Cuando “yo” muera, en realidad nos habla de la yoidad identificada con los burdos sentidos y sus objetos (el cuerpo físico y el mundo material)[1]. Para llegar a comprender quién realmente somos, debemos alcanzar la identificación con el ego divino, que es aquel que se expresa a través de la sabiduría intuitiva pura. El ego divino es nuestra expresión más elevada: el alma o reflejo individual del Espíritu. Este estado se presenta en su expresión plena, cuando ésta (el alma) abandona el cuerpo y se desconecta de la abrumadora e ilusoria información que recibe a través de los sentidos y sus acciones. 

Sin embargo, no tenemos que esperar de brazos cruzados a la muerte física y definitiva del cuerpo para poder alcanzar esta gloriosa realización del Ser, pues si lo hacemos, de cierta forma habríamos perdido la bendición de esta preciosa existencia humana. 

Durante nuestra vida, cada noche al irnos a dormir, experimentamos “pequeñas muertes” (como le llaman los Budistas) durante nuestra fase más profunda de sueño. Por un tiempo determinado, nuestros sentidos se apagan, permitiéndole al alma expresarse en su totalidad y vibrar en plena armonía con el cosmos. En ese momento de separación “somos Uno con la totalidad” y nuestra conciencia desarrolla su máximo poder creador, convirtiéndose en numerosas imágenes, seres, criaturas, objetos. Concediéndole a cada una , identidad propia, una individualización aparentemente separada de su creador, el soñador. Pero el soñador y lo soñado, son exactamente lo mismo. En las escrituras orientales se propone que nuestro proceso de ensoñación representa un microcosmos de nuestra propia existencia en estado de vigilia. Siendo nosotros una individualización de un soñador superior.  Existen varias corrientes que se enfocan en el estudio de los sueños para alcanzar este grado de comprensión elevada del Yo, aún así, esta fase muchas veces se traduce en una realización inconsciente, que olvidamos al despertar. 

Con el mismo propósito de encontrar la verdad, se han usado desde la antigüedad, distintos tipos de alucinógenos como un medio rápido de separación de lo que los hindúes llaman “ilusión máyica” de la vida (la muerte del “yo”). Pero, al igual que la fase de ensoñación, este método, la “mayoría de las veces” no pasa de ser un proceso inconsciente de separación, que termina olvidándose o quedando como una experiencia alucinante. Aunque para el buscador real, puede servirle de un importante punto de referencia en su búsqueda.

Para los Yoguis, el medio ideal de alcanzar la realización del Ser y llegar a la compresión del Yo (el Yo superior) , es a través de la meditación profunda. Con ella, se entrena al cuerpo físico para su separación consciente y la fusión de los tres cuerpos (físico, astral y causal) en una única conciencia. La llama cósmica. Por lo tanto, esta muerte es la integración como células del vasto cuerpo universal de nuestro Padre/Madre: La energía universal cósmica (y que muchos también llamamos Dios). 

“Es necesario que él crezca y “yo” mengue … “ Juan el Bautista

“Abraham tuvo que morir al “yo” cuando Dios le pidió a Isaac … “

“Os aseguro hermanos, por la gloria que de vosotros tengo en nuestro Señor Jesucristo (Energía Crística, Om) que cada día muero. 1era de Corintios 15.31


[1] El Bhagavad Guita. La ciencia suprema de la unión con Dios. Pag.98.

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