Un viaje hacia la sanación

Artículo originalmente escrito para Financiero LatAm.

Muchas veces nos quedamos atascados en la lógica del intelecto y no le damos cabida a lo que podrían ser otras ventanas hacia el conocimiento. En especial hacia aquel que se ha relegado la mayor parte de nuestra vida, el conocimiento proveniente de nuestro propio ser.

El Mensaje
Hace varios años tuve un sueño en el que compartí un momento inolvidable junto a mi madre.

Estábamos de pie en el claro de un hermoso bosque. Sus manos sujetaban una mochila pequeña, ligera y azul que me colocó en la espalda. Seguidamente y sin esfuerzo aparente, me levantó y sentó sobre un joven elefante que esperaba paciente a nuestro lado. Con mucha dulzura y respeto, acarició la piel del animal y tras efectuar dos suaves palmadas en uno de sus costados, éste se puso en marcha conduciéndome hacia el corazón de aquel frondoso bosque. Sin necesidad de mirar atrás, supe que mi madre nos miraba serena hasta perdernos de vista.

Hoy día, después de mucho indagar, no tengo la menor duda de que mi madre me estaba mostrando simbólicamente, algunas claves que me permitirían transitar en armonía por el sendero de mi vida.

La mochila, pequeña y ligera: mi equipaje, el color azul: la paz, la armonía, el amor que debo llevar como único contenido. El joven elefante: mi naciente sabiduría, en proceso de crecimiento. El bosque: la hermosa vida que puedo disfrutar si me dejo guiar intuitivamente por el elefante (mi sabiduría interior). Hacía un mes que mi madre había muerto cuando tuve aquel sueño y estoy segura que desde su nuevo estado de conciencia, buscó los medios más acordes a mi comprensión para hacerme llegar el mensaje.

Desde entonces mi vida cobró un nuevo sentido y comencé a orientar mis actos en dirección al cumplimiento de tales premisas: ligera de equipaje, en armonía con el Universo y caminando bajo la guía de mi propia intuición.

Disfrutar del trayecto
No ha sido un cambio sencillo, ni mucho menos inmediato, debo decir que aún está en proceso, pero es justamente esta, la fase que más disfruto y aprovecho. Ha sido durante este camino que he podido ver cómo ese cambio de conciencia ha influido en el fortalecimiento de mi salud física, permitiéndome experimentar una relación, aparentemente inexistente, entre el equilibrio energético/emocional y el equilibrio físico/corporal. A mayor cantidad de emociones liberadas conscientemente (que simbolizo como liberación de la carga en mi equipaje) mayor es la fortaleza de mi sistema inmune y menor la presencia de enfermedades.

Esta es una relación un poco difícil de creer y aceptar a primera instancia, por lo que siempre aconsejo experimentarla haciendo pequeños actos de conciencia.

Las Emociones
En mi trabajo como terapeuta bio-neuroemocional, acompaño a las personas a encontrar la relación sintomática actual con aquella emoción mal gestionada y/o no liberada en su momento (su equipaje). Cuando llegamos a ese punto del camino, entonces vemos cómo una ha llegado a influenciar a la otra, reflejándose finalmente en el cuerpo físico en forma de enfermedad. Eckhart Tolle lo describe con claridad en su libro “El Poder del Ahora”: La emoción surge en el punto donde cuerpo y mente se encuentran. Es la reacción del cuerpo a la mente o, dicho de otra forma, el reflejo de la mente en el cuerpo.

Con ello no quiero decir que debamos temerle a las emociones o verlas como perjudiciales: la intención es comenzar a comprender la razón por la cual se han manifestado en nuestro cuerpo y leer el mensaje implícito en ellas para luego liberarlas.

“Las emociones no pueden considerarse ni buenas ni malas, ya que todas son biológicamente indispensables para reaccionar de forma adaptativa ante los estímulos del entorno” – Enric Corbera.
Ir ligeros de equipaje, en armonía con el Universo y guiados por nuestra intuición, puede traducirse en nuestra vida cotidiana como el atender nuestras emociones, actuando en coherencia con lo que sentimos (equipaje). Aceptar cada momento presente, neutralizando lo que creemos positivo y negativo en una sola verdad: aprendizaje (armonía). Finalmente confiar en cada una de nuestras decisiones (intuición), porque todas son correctas, todas nos conducen a la experiencia que tenemos que vivir en ese preciso instante.

Cada una de estas premisas, conscientemente aplicada a nuestra vida, aporta un cocktail de vitaminas que reducen el riesgo de respuestas sintomáticas en nuestro cuerpo.

En amistad divina
Nacarid ❤

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