No solo de agua viven las plantas

Articulo originalmente escrito para Financiero LatAm

Una de las imágenes más nítida que tengo de mi infancia, es la de mi madre cantando mientras regaba o podaba las plantas. Su repertorio incluía desde los temas más sonados de su época, hasta canciones compuestas in situ dedicadas especialmente a sus plantas.

Muchas de ellas (las de mayor edad) tenían nombre, al resto las llamaba amorosamente “sus niñas”. Antes de iniciar el ritual del riego, cumplía con darles los buenos días y decirles lo hermosas que eran. El jardín de mi niñez fue un espacio florido durante todo el año , de hermosos colores y mezcla de aromas naturales.

Lo mismo ocurría con las plantas de la huerta en el patio posterior de la casa, por lo general cultivábamos tomates, pimentones, plátanos, limón y bananas. No recuerdo sabor más auténtico que el de los productos de esta huerta.

En una oportunidad, siendo aún niña, le pregunté a mi madre por qué les hablaba y le componía canciones. Ella me respondió – con esa seguridad que la caracterizaba- que las plantas nos escuchaban y recibían con amor cada detalle que tuviésemos con ellas, como podarlas con cariño, regarlas de buen humor y en un horario de bajas temperaturas (muy temprano en la mañana o ya entrada la noche) en especial en climas calientes como el de Venezuela en donde sólo tenemos 2 estaciones al año.

Aunque no me terminaba de creer que las plantas podían oírle, si percibía que aunque seguíamos regando y podando las plantas en su ausencia, no lucían como cuando ella lo hacía. Muchas incluso dejaban de florecer y algunas perdían su verdor.

Al crecer, el destino me llevó por el sendero del sonido ancestral como herramienta complementaria para la sanación, liberación de tensiones y equilibrio energético. Formándome en un entorno espiritual, comencé a experimentar el poder del sonido puro en el cuerpo . Al día de hoy, la física cuántica ya ha comprobado con diferentes estudios, la cualidad vibratoria y por lo tanto sonora del átomo, esa pequeña partícula presente en toda la creación, con quienes nos podemos comunicar a través de la emisión de ondas sonoras. ¿Acaso no es eso lo que hacía mi madre con las plantas?.

En el proceso de alimentación, el cuerpo toma de los alimentos sólo lo que les útil y desecha el resto. En los niveles más sutiles del proceso (estados de conciencia más elevados) lo que realmente ocurre es la absorción de energía de alta frecuencia presente en los alimentos. Mientras más sanos y naturales sean éstos, mayor será la cantidad de energía reintegrada al cuerpo astral (aspecto vibratorio de nuestro cuerpo).

Lo mismo ocurre con la alimentación de otras especies como las plantas. Ellas se alimentan de agua, tierra y nutrientes, pero también lo hacen de la propia vibración de las personas que las alimentan y atienden, creando incluso una conexión directa con ellos. Las plantas en su esencia pura se conforman de partículas en constante movimiento y al igual que nuestros cuerpos, resuenan con vibraciones que se encuentren en su misma frecuencia manteniendo su vitalidad y la de quienes le rodean.

Lo que mi madre en esencia hacía era entrar en una comunicación meditativa con sus plantas entregada por completo al acto de detenerse, mirar y escuchar. Esto le permitía materializar en una canción la melodía producida por el roce de las hojas en el viento, el chapoteo del agua en la tierra, el zumbido de las abejas polinizando. El acto de regar las plantas tenía el poder de sacarla de sus pensamientos y traerla al momento presente, que es en definitiva donde viven las plantas todo el tiempo. Esta comunión permitía un intercambio energético que proveía nutrientes puros a las plantas y aquietaban el corazón de mi madre, trasladándola a un estado de quietud y entrega al momento que estaba viviendo.

La práctica de hablarle y cantarle a las plantas no es pues un comportamiento desequilibrado, ni extrañas costumbres de nuestros abuelos, sino que tiene su origen en los estados de paz que se logra alcanzar cuando nos damos la oportunidad de vivir espacios de quietud y comunión con la naturaleza, siendo uno con ella, enviando y recibiendo información vibratoria en un fluir perfecto y armonioso. Observa con detenimiento las plantas de tu jardín, tu huerta, tu hogar y podrás observar cómo se encuentra el alimento de tu alma en ese momento.

En amistad divina
Nacarid ❤️
IG:@nacarid

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