Cómo alimentar la energía creativa

Artículo originalmente escrito para el Financieron LatAm

A la hora de crear, debemos mimar a nuestro niño interior, ofreciéndole espacios lúdicos donde dejarse llevar por la imaginación y el entusiasmo creativo

La disciplina es una virtud de mucha utilidad cuando deseamos alcanzar un objetivo, en especial cuando se trata de adquirir un nuevo hábito que requiere de una constancia férrea y la  curva de crecimiento de esfuerzo/recompensa es bastante lenta. 

Desde pequeños nos enseñan a ser disciplinados con nuestros deberes del colegio, y ese es el mensaje que recobra el inconsciente a la hora de proponernos nuevos retos como adultos. 

Sin embargo, todo extremo es peligroso y aferrarnos a uno de ellos no haría más que inclinar la balanza, propiciando el desequilibrio. 

“Como artistas basar nuestra imagen en la disciplina militar es peligroso”, comenta Julia Cameron en su libro El Camino del Artista, y se debe justamente a que la disciplina es una manera ordenada y sistemática de hacer las cosas. 

No obstante, su uso ciego y estricto, podría terminar mecanizando y turbando un proceso que a priori debería ser ligero y divertido como lo es el de la creatividad. 

El papel de nuestro Yo artista recae sobre el estado de conciencia “niño”, mejor conocido como “niño/niña interior” y como todo niño, este solo desea jugar y divertirse mientras crea su pequeño mundo. 

El uso de la disciplina en estos casos debe ser cuidadosamente vigilada para evitar que ella en sí misma – y no el flujo creativo – se transforme en el objetivo.

Por lo tanto, a la hora de crear y, con el fin de no obstruir nuestro proceso creativo, debemos mimar a nuestro niño interior: ofreciéndole espacios lúdicos donde dejarse llevar por la imaginación y el entusiasmo creativo. 

<< El entusiasmo no es un estado emocional, sino un compromiso espiritual, una rendición amorosa a nuestro proceso creativo >> Julia Cameron

Para entenderlo mejor, me basaré en el significado etimológico del entusiasmo. Este es un sustantivo que proviene del griego enthousiasmós que significa “posesión divina” o “rapto divino”. 

Particularmente me gusta usar la definición que Julia Cameron emplea en su libro: Lleno de Dios. Si profundizamos más y desglosamos la palabra en griego, observamos que está formada por la preposición en y el sustantivo théos (Dios) “en Dios”.

En la antigüedad los griegos sostenían que cuando alguien se dejaba llevar por el entusiasmo, permitía que un dios se apoderara de su cuerpo para manifestarse y era lo que le ocurría a los poetas, pintores, enamorados, quienes eran respetados y admirados al creer que estaban poseídos de una divinidad. 

En la actualidad, usamos distintas etiquetas para referirnos a la misma posesión divina, como invocar a nuestra “musa”, ese ser misterioso lleno de brillantes ideas e imaginación, que, cuando nos visita, creamos, inventamos, escribimos, pintamos maravillas en un flujo imparable de creatividad.

En el mundo del flamenco lo reconocen como “duende” que es un “no sé qué” que envuelve al intérprete del baile y el canto flamenco, un don especial que no tiene definición, pero que cuando el artista lo manifiesta, le envuelve un aura que llena de magia y pasión su interpretación. 

“Estar en flow” es también una expresión muy usada para referirse a personas que parecen estar como pez en el agua, navegando en una fuente de creatividad invisible a la que parecen estar conectados.

Richard Goleman la emplea en su concepto de Inteligencia Emocional: “en este estado las emociones no se ven reprimidas ni canalizadas, sino que se ven activadas, positivadas y alineadas con la tarea que se está llevando a cabo

Por lo tanto, estar llenos de entusiasmo en un proceso creativo, significa estar conectados con la fuente misma de la creatividad y permitirnos fluir en ella, es un literal salto de fe, en el que confiamos en su grandeza y poder creador. 

Mantener el entusiasmo activo y presente es una premisa de peso para evitar bloqueos en nuestro proceso creativo, sea el área que sea donde estemos trabajando.

¿Cómo mantener el entusiasmo vivo en nosotros?

Crear espacios divertidos

Ambienta tu espacio de trabajo con detalles que inviten al juego, a la diversión. Recuerda que tu artista es un niño y él no quiere llegar a un lugar soso y aburrido porque no rendirá, no querrá estar ahí, una sensación que muchas veces sentimos cuando nos dirigimos a nuestro trabajo, no queremos estar ahí. 

Si cuentas con un espacio personal, decóralo con pósteres llamativos, figuras de personajes de películas o famosos de la historia, piezas de lego, o cualquier otro artículo que consideres divertido. Tu mente automáticamente se programará cada mañana para ir a jugar a cambio de ir a trabajar. Desde ese entonces, ya irá cargada de entusiasmo.

Cuidado con las autoexigencias disciplinarias

Recuerda que la militarización de la disciplina anula toda diversión, mecaniza procesos, y se apodera del centro de atención pasando a ser en sí misma el objetivo. En nuestra confusión y agotamiento mental, nos induce a abandonar el proyecto. 

Invocar el entusiasmo

Dedicar unos minutos de quietud antes de iniciar el proceso creativo, y pedir literalmente ayuda a la fuente creadora para que haga de nosotros un vehículo de su inagotable flujo creativo es súper efectivo.

Comencemos a llamar a la musa, al duende, al flow que deseamos y necesitamos para hacer nuestro trabajo creativo.

En amistad divina
Nacarid

A %d blogueros les gusta esto: