La vivienda como símbolo del Self


Artículo originalmente escrito para El Financiero LatAm

La vivienda no solo es una construcción o ambiente físico acondicionado para ser habitado, sino que es también “un concepto cognitivo, afectivo y social” con un significado psicológico bastante más profundo de lo que pudiéramos pensar (Amérigo y Pérez-López, Perception of personal identity at home).

En el mundo onírico, soñar con una vivienda se asocia simbólicamente a la conexión con el alma y el Yo interior o Self. Soñar que la casa está vacía (por ejemplo) refleja inseguridades, si no tiene paredes, demuestra falta de intimidad. Soñar con un sótano hace alusión al subconsciente, mientras que soñar con un ático evoca el intelecto. En este sentido cada parte de la casa simboliza una parte de nosotros mismos. Si nos trasladamos a las escrituras espirituales, la primera mención que se hace de la vivienda, es aquella donde construimos nuestra identidad, nada más y nada menos que la morada de nuestro cuerpo, el lugar donde salvaguardamos nuestro ser. 

Robert Gifford en su trabajo de investigación “La psicología ambiental importa”, nos la presenta como un símbolo de identidad individual y colectiva, una proyección inconsciente de “cómo nos gustaría vernos a nosotros mismos (a través de ellas) y cómo nos gustaría ser vistos por los demás”.

Por consiguiente, la conexión energética que tenemos con el lugar donde vivimos es tan directa que somos capaces de sentirnos ligeros como una pluma cuando  está limpia y ordenada o, por el contrario pesados y cansados cuando no. Si observas tu casa desde la abstracción, puedes sin duda observarte a ti mismo.

En una sesión terapéutica que se realizó a una paciente para encontrar el origen emocional de unos fuertes dolores de cabeza que le hacían estar de mal humor casi todo el día. Estos se habían iniciado meses después de la ruptura con su pareja sentimental de la adolescencia y desde entonces biológicamente no encontraban problema alguno. Durante el proceso de psicoanálisis y con ayuda del poder liberador de los cuencos tibetanos, la paciente tuvo unos instantes de regresión al momento en el que se veía a sí misma guardando un pequeño baúl en el ático del townhouse de sus padres. La mujer se hundió en llanto al recordar que allí guardaba fotos, cartas y recuerdos de su ex pareja. A la pregunta de qué emoción le evocaban esos recuerdos, respondió sin dudarlo: dolor y rabia.

El hecho de dejar físicamente guardados tales recuerdos, reflejaban una incapacidad de desconectarse emocionalmente de los mismos, de liberar y perdonar. Al guardarlos en el ático de la casa, conectó tales dolores y estado de ánimo a la parte del cuerpo que simbólicamente representa: la cabeza. Sus dolores se desvanecieron poco tiempo después de enfrentar y aceptar la realidad de aquella ruptura, seguido de la destrucción de todo cuanto ahí guardaba. El hecho de haberlos dejado en la casa de sus padres, nos hablaba de un recuerdo de su infancia-adolescencia que no había sido debidamente sanado.

Un ejercicio que me es de mucha utilidad cuando la persona se rehúsa inconscientemente a llegar a un aspecto emocional conflictivo y doloroso de sí, es el de pedirle que me hable como si fuese su casa, incluso que se presente con el nombre que le ha puesto (si es el caso). Le pido que me detalle cómo está vestida (muebles, cuadros, decoración en general), si ha sido una elección personal o impuesta (autoestima, fuerza de voluntad), cuál habitación es la que más le gusta y cuál no (que parte de su cuerpo acepta y cuál rechaza), los colores predominantes (estado anímico interior), los objetos heredados que no desea tener, pero no sabe como deshacerse de ellos sin causar un conflicto familiar (situaciones transgeneracionales pendientes por sanar). De esta manera la vivienda me sirve de herramienta de abstracción y desconexión emocional, así como de espejo inequívoco de su propia personalidad y estado emocional actual.

La experiencia personal me ha ayudado a comprender la estrecha relación vivienda-Self de la que estoy hablando. Como emigrante he tenido que mudarme muchas veces y he podido observar cómo en momentos de angustia y miedo por vivir en un país extranjero, he vivido en barrios muy ruidosos y apartamentos con poca entrada de luz natural. En momentos de mucha tristeza por la lejanía de mis familiares y pérdida de mi madre me encontré viviendo en casas con humedad y fuertes filtraciones de agua en especial a través de las paredes. El ruido mental producto de pensamientos agotadores los proyectaba con la convivencia de vecinos muy ruidosos en el piso justo encima del mío. Finalmente, después de varios años de adaptación y estabilidad económica y social, estoy viviendo en un lugar rodeado de árboles y naturaleza, con vecinos respetuosos y amantes de la tranquilidad y el silencio.

Como ejercicio de auto-indagación personal, les invito a detenerse unos minutos a hacer una revisión mental del lugar donde viven, ¿es pequeño, grande, muy grande?, ¿qué buscan demostrar o que quieren esconder de sí mismos?. ¿Cuál es su relación con él?, ¿se sienten en paz allí, la disfrutan?. ¿Cómo es el entorno?, ¿naturaleza, concreto, ruido ambiental, paz?. ¿Qué tipo de vecinos tienen en la planta alta, en la planta baja, en el mismo piso?.

Tu casa eres tú, aprender a conocerla, observarla y quererla, es aprender a conocerte, observarte y quererte a ti mismo.

En amistad divina
Nacaird ❤️
nacarid.com

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